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Arte y Cultura Peruana

Por: Cristofer Pereyra

Damas y caballeros:


No es coincidencia que la primera ceremonia por la Independencia del Perú, realizada por la Asociación de Peruanos en Arizona, se lleve a cabo en el Obispado de la Iglesia Católica de la capital de este hermoso estado en el que residimos.

De hecho el Acta de la Independencia del Perú escrita por el Señor Manuel Pérez de Tudela, quien luego sería el primer Ministro de Relaciones Exteriores de nuestro país, iniciaba reconociendo la presencia y apoyo del aquel entonces Arzobispo de Lima, Bartolomé de las Heras; así como los prelados de los conventos religiosos y todos quienes estuvieron presentes en ese día glorioso, legitimando en nombre de Dios el paso histórico y decisivo que nuestra nación daba por definir su propio destino.

Hoy tal vez no todos profesamos la misma fe pero, sin duda,  todos compartimos la fe en el Perú. Y todos conocemos bien las palabras, con las que un 28 de Julio Don José de San Martin proclamó la independencia de nuestra gran nación: “El Perú desde este momento es libre e independiente por la voluntad general de los pueblos y por la justicia de su causa que Dios defiende. ¡Viva la patria! ¡Viva la libertad! ¡Viva la independencia!”


En aquel entonces, los peruanos buscábamos liberarnos del yugo español y de la injusticia de estar sometidos a una nación extranjera; lejana a nuestra realidad y, lo que es peor, desentendida de los auténticos intereses de los peruanos de aquella época. Estos son los años en que el mundo va y viene, entre el capitalismo mercantil y el capitalismo industrial.  También, son momentos de importantes avances tecnológicos y un crecimiento de la población peruana.  Hay fricciones, entre la burguesía industrial-comercial criolla y la aristocracia terrateniente monopolista fiel a España. Los indígenas del Perú, estaban hartos del injusto régimen económico, social y laboral al que los sometían los españoles. El siglo XVIII ya había sido testigo de una serie de rebeliones indígenas, todas las cuales fueron sometidas al poderío español. Por eso, en aquel mes de Julio, hace casi 200 años los peruanos esperaban con júbilo la llegada de aquel libertador que ya había conseguido la independencia de Argentina y Chile. Entonces, ¿Qué significa hoy para nosotros, peruanos en el extranjero y lejos de nuestra realidad peruana aquella declaración de la independencia

que pronunciara Don José de San Martin en 1821? ¿Tenemos acaso en este nuevo contexto en el que vivimos, cadenas que buscan someternos a un nuevo e injusto yugo?


Este generoso país y estado en el que vivimos nos ha dado mucho, pero no nos blinda por completo de las injusticias y el sufrimiento que siempre es parte de la experiencia humana.  En los EE.UU., como en todas partes del mundo, existen amenazas muy reales a nivel social, político e ideológico que ponen en riesgo, quizá no nuestra existencia pero si, nuestros valores, nuestra fe, esperanza y la libertad de nuestra dignidad como personas. La esclavitud del siglo XXI no es tanto una esclavitud física, sino es psicológica o intelectual.  Nos aleja de lo que es más valioso para nosotros, como nuestra familia, nuestros hijos y nuestra identidad cultural, que valen un Perú.


Por eso hoy, reunidos en este humilde recinto, nos atrevemos una vez más a decir: “somos libres, seámoslo siempre”.  Con el compromiso de salir adelante en esta tierra anfitriona, pero abrazados siempre de nuestra identidad peruana y todo lo bello que eso significa. Procuremos ser fieles a ese “voto solemne que la patria al Eterno elevo”. Ya sea que hemos de echar raíces permanentes en Arizona o quizá volver a la tierra que nos vio nacer, hagamos hoy el compromiso que nuestros hijos y generaciones venideras, hereden aquello que nos hace peruanos aquí, en el Perú y en cualquier otra parte del mundo. Nuestro compromiso por ser siempre libres y fieles al “juramento que rendimos al Dios de Jacob”